Demasiado gorda para correr

To fat to run

¿Alguna vez has sentido esa mirada en el parque que te juzga y te dice que estás demasiado gorda para correr?  Pues a mi si me ha pasado y yo no he optado por avergonzarme y quedarme en casa metida. He cogido mis zapatillas al día siguiente (o al siguiente del siguiente) y he vuelto a pisar asfalto, corriendo, caminando o trotando. A mi ritmo, pero he vuelto a hacerlo.

Esto mismo le pasa a Julie Creffield, la creadora de la página the Fat Girl’s Guide To Run (La Guía de Running Para Chicas Gordas), que un día se hartó y tomó una decisión: ayudar a las mujeres que, como ella, son juzgadas por su físico a la hora de hacer deporte en una sociedad obsesionada con el culto al cuerpo.

Too fat to run

Julie es consciente de que para una persona con sobrepeso es difícil ser optimista a la hora de hacer ejercicio, por eso buscar cambiar esta actitud y esta percepción que las gordis tenemos de nosotras mismas. “La vergüenza de la gordura es un gran problema”, asegura en una entrevista para el diario británico Today, “creo que ahora mismo es la mayor barrera, sobretodo para las mujeres, para salir, hacer ejercicio y mejorar su salud. Creo que es lo primero que frena a las mujeres a la hora de apuntarse a un gimnasio, ir a clases colectivas o salir a correr.”

Y creo que razón no le falta. Por eso su página no es solo un blog donde cuenta su experiencia. Es mucho más, es sorprendente.  Ofrece un diario, un calendario de entrenamiento, consejos para principiantes, frases motivantes. Y todo para que todas aquellas mujeres que quieren empezar a correr, lo hagan sin miedo.

Julie Creffield

Empezar a  hacer cualquier rutina de ejercicio es muy difícil, no es ninguna tontería, pero una vez que empiezas y tienes paciencia, y valoras tus progresos por pequeños que sean, os garantizo que too es positivo. Ganas confianza en ti misma, te siente más ágil, más segura… hasta que deja de importarte llegar en último lugar en una carrera.

Lo que más me gusta de este proyecto es la iniciativa  One Big Fat Run (#1BigFatRun), una carrera virtual de 5 Kilómetros que busca que  un millón de mujeres en todo el mundo la hagan a la vez. Yo me voy a apuntar a la próxima, la de agosto. Solo hay que descargar el número de dorsal en Facebook, elegir una ruta y el día indicado correr, caminar o trotar 5 kilómetros. Y al finalizar compartir una foto con el dorsal en las redes sociales. Mola sentirse arropada y saber que no eres la única que sufre del mal de “fat-shaming”. Yo creo que me voy  comprar hasta la camiseta de merchandising del proyecto. ¿Te apuntas?

 

No soy una zampabollos

Queridas y queridos…

Estoy hasta el coño. 

Siento mucho empezar así este post después de una dilatada ausencia, pero es que no hay nada más lejos de la realidad. Si hay algo que odio es que me juzguen. Bueno, no realmente eso. Si hay algo que odio… es la gente que juzga continuamente y habla por hablar. Siento mucho referirme así cuando me dispongo a hablar, entre otras cosas, de los médicos que me están tratando últimamente, pero es que es así, necesito desahogarme y este es mi blog así que…

Hace ya tiempo que sufro leves problemas gastrointentinales y he decidido tratarlos, junto a mi aumento de peso (no quiero que se me vaya de las manos). Os transcribo la serie de conversaciones que tengo últimamente con los médicos:

Doctor: Lorena, deberías ponerte a dieta y hacer ejercicio.

Yo: Ya lo hago.

Doctor: Bueno… tendrías que dejar de comer fritos, embutido, dulces y bollería industrial.

Yo: Es que no como nada de eso. Mire, soy de Navarra, mi padre tiene un huerto y la base de mi alimentación son las verduras.

Doctor: Esto… bueno, tendrías que dejar de comer cerdo.

Yo:  No como cerdo, solo jamón ibérico de vez en cuando (que soy gorda pero no tonta).

Doctor: Emmm, bueno, pues tendrías que hacer ejercicio.

Yo: Osea que con dos horas de pilates y otras dos horas de Xportdance a la semana, no vale.

Doctor: Llevarás poco tiempo.

Yo: Hombre, no soy una atleta olímpica pero ya lo hago de manera ininterrumpida desde hace 4 meses y antes siempre hice algo de ejercicio. Igual ha sido podo, pero peor es quedarse en el sofá.

Doctor: Pues tienes que comer menos y hacer más ejercicio.

Yo:

Toda mi vida he sido juzgada por mi físico. Me molesta muchísimo que por ser una persona grande y con sobrepeso la única explicación posible es que soy una zampabollos. Pues mire, no.  Y si zampo son los que hace mi padre, una vez al mes cuando voy a visitarle, y “ecológicos”.  Un tipo ha escrito el Método Thinking, que asegura que no somos gordos, sino que lo estamos. Osea, que todos deberíamos ser unos delgados por naturaleza… y esto me indigna, porque yo nunca he sido una persona delgada. He tenido mis más y mis menos pero siempre he sido así, soy alta, tengo pecho grande, caderas anchas. No soy delgada, coño. (Además, yo me quedo con el Método Tenedor).

Y otra cosa que me molesta muchísimo  son las personas que lo primero que te dicen cuando te ven es : ¡Estás muy bien, más delgada! ¿Qué pasa, que con unos kilos más estaba más fea, estaba mal? Es que son comentarios que a mí me sobran, sobre todo siendo una abanderada del PLUS SIZE. Y me tendré que ir acostumbrando porque ahora sí que sí me tengo que cuidar. La salud es lo primero.

Por hacer una excepción en mi descarga de iras, me quedo con el consejo de mi enfermera, que es más maja que las pesetas:

Si la gente comenta lo que comes o dejas de comer diles que tu medicina es la comida.

¿Dieta y felicidad? Pues va a ser que sí.

Queridas y queridos.

No, no estoy a dieta, no os asustéis. De momento en el 2014 no he querido pasar por este trance: con el pilates y el Xportdance tengo más que justificadas mis contadas visitas a la nevera. Os quiero hablar de dietas pero porque he conocido a la nutricionista “antidietas”. Increíble pero cierto. Bajo un disfraz de súper heroína de defensora de las causas perdidas se encuentra esta mujer.

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Se llama María José Tenedor. Y no es coña. Cuando le dije que yo prefería los platos de cuchara no me lo tuvo en cuenta. ¡Una nutricionista que se apellida Tenedor! Como os podéis imaginar, surgió el amor a primera vista. Ella es pura energía, es como un arcoiris, tan colorida y sorprendente, y con muchas ganas de ayudar a la gente a encontrar el camino de la felicidad a través de la alimentación y de un estilo de vida saludable.

Conocer a María José Tenedor ha sido toda una experiencia. Es raro. Quedas a tomar un café con una nutricionista que sabe que tu imagen son tus curvas y, bajo ningún concepto,  intenta ponerte a dieta. Le gustaría que probara su método, pero no me presiona. Aprovecha la oportunidad para hablar de cosas divertidas y para motivarme. Y me gusta. Porque la base de su vida es la misma que la mía, la felicidad. Me encanta cómo se define en su página web:

Apasionada de la vida. Amante de la felicidad. Cocinera a tiempo completa en un restaurante llamado felicidad (la mía propia). Inquieta y aventurera. Alegre y defensora de las injusticias. Optimista hasta en los peores momentos. Soy de las que se cae y, en vez de llorar, se mira la herida y se ata mejor los cordones. Un torbellino generador de ideas.

Ella es la creadora de uno de tantos métodos de adelgazamiento, el Método Tenedor. Pero llama mi atención porque no se basa en una dieta de 1.500 calorías (con suerte 1.500…). Va más allá. El Método Tenedor es un sistema de trabajo que ayuda a la gente a ser más feliz. María José enseña a la gente a comer y a disfrutar de una vida FASS. Fácil, Alegre, Sabrosa y Saludable. Es decir, que no se queda sólo en la dieta pura y dura, sino que personaliza y se adapta a cada persona para enseñarle también a comprar y a cocinar los alimentos.  Con ella, en teoría, se acabaron los complejos y la ansiedad, porque lo primero que hace es enseñarte a quererte tal y como eres, y a partir de ahí fija unos objetivos.

Quiero compartir con vosotros este breve vídeo que he hecho con mucho amor, donde cuenta perfectamente en qué consiste su método. Quién sabe, quizás pueda seros de ayuda. Nunca antes encontré una nutricionista que me dijera que aunque tenga sobrepeso, no importa siempre y cuando tenga buena salud.

Por cierto, ella me dio dos consejos fundamentales para no subir de peso:

1. Comer un 20% menos de lo que engullo ahora.

2. Llenarme hasta el 80%. Es decir, dejar que la hormona de la saciedad haga su trabajo.

¡Enjoy!

¿Estás a dieta ahora mismo?

¿Qué método estás siguiendo?

Con las tetas en la cara (o cómo sobrevivir a una clase de pilates)

Queridas y queridos,

llevo un tiempo queriendo hablar del deporte que estoy practicando y que me tiene loca. Nunca pensé que lo diría pero ME MOLA EL PILATES. Mi amiga Iratxe fue la que me animó en un principio y yo estaba dudosa, pero al encontrar un trabajo que me dejaba las tardes libres decidí probar.  Admito que imágenes como ésta me resultaban súper motivantes:

Una mujer respira, en un ambiente de penumbra y sofisticación mientras estira su cuerpo buscando la perfección postural. Líneas suaves, blanco y negro, ying y yang, equilibrio…  Lo que no sabía es que esta pobre de la foto está haciendo abdominales como un demonio y pensando en la postura siguiente, que probablemente sea ésta:

¿Parece fácil, verdad? Visto así es muy bonito… pues esta imagen es la que ha inspirado el título de mi primer post del año. Vemos en la imagen a una chica atlética en mallas practicando una postura que estira los músculos de la espalda y coloca las vértebras… ¡Súper bueno! A mi lo único que me pasa cuando la hago es que se me corta la respiración… Imagináos a una persona de 80 kilos haciendo esta postura… Sinceramente, solo puedo sentirme como la pelota con la que entrenamos. Una auténtica bola. Nunca antes tuve las tetas tan cerca de mi cara, ni siquiera practicando sexo (ejem). ¿Y cómo le dices esto a tu profesora, que piensa que lo que te pasa es que te duelen las cervicales y lo que sucede realmente es que tus pechos cortan el tránsito de aire por las vías respiratorias? Seamos sinceros. Con este cuerpo es complicado hacer perfectamente todos los ejercicios pero también es cierto que muchas de mis compañeras tampoco pueden hacerlos pero por otros motivos, como la falta de flexibilidad, una cualidad que yo poseo en abundancia.

Muchos de vosotros os habréis hecho un propósito este año, que es adelgazar, ¿a que sí? Y seguro que os habéis apuntado a un gimnasio. Pues no quiero desmotivación. Probablemente os pasará lo mismo  que a mi. No es fácil integrarse en una clase colectiva de un deporte tan duro y tan exigente como el pilates pero, creedme, no penséis que  todo  el mundo que asiste a estas clases es ágil y está delgada y tonificada, como vemos en las fotos. Eso es un mito. El pilates es un deporte que pueden hacer las personas con los huevos bien puestos, lleven la talla que lleven de mallas de Decathlon.

Entre los múltiples beneficios que ofrecen estos ejercicios tan específicos, yo destacaría la fuerza que se adquiere en el tronco del cuerpo y el fortalecimiento del suelo pélvico. Sí, es duro ponerse a hacer abdominales de cero y cuesta creer que debajo de la barriga algo se esté moviendo y endureciendo, pero es así. poniéndole un poco de empeño se trabaja muchísimo.  Yo lo tengo ya comprobado en momentos mágicos, que no voy a contar aquí (guiño, guiño). Cuando el tronco está fuerte se consigue una mejora importante en la alineación vertebral lo que quita estrés y tensión a nuestros músculos y articulaciones. Y eso a las personas con sobrepeso nos viene muy bien, ya que nuestras articulaciones en ocasiones sufren cuando tienen que desplazar toda nuestra masa de un sitio a otro. Yo os animo a que lo probéis porque estoy notando mejoras, me siento más fuerte y ágil y duermo mucho mejor desde que lo practico. Solo espero, algún día, conseguir hacer esta postura… Simplemente imaginadme intentando hacerla mientras ruedo como esa pelota en el suelo del gimnasio…

 ¿Y tú, qué experiencia tienes con el pilates?

Libros con olor a comida, ¡me los como!

Queridas y queridos,

la semana pasada tuve el gusto de vivir una experiencia que me encantó y que quiero compartir con vosotros. ¿Habéis estado alguna vez en un Centro Cultural del Gusto? En Madrid tenemos uno, se llama Apunto Librería Gastronómica y acaban de reabrir (después de una dura mudanza) en la calle Hortaleza 64, en el corazón de Chueca. Llegarás a ella porque de dentro sale un olor riquísimo, cada día a una cosa…

¿Librería o escuela de cocina? Pues las dos cosas. ¿Cómo te quedas? Bueno eso, y mucho más. Apunto es sinónimo de cultura gastronómica. No solo te ofrecen un amplio catálogo de literatura gastronómica y libros de cocina, sino que también te enseñan  a catar bien un caldo y a cocinar un montón de cosas ricas a través de cursos de cocina monográficos, intensivos, individuales o lo que quieras. Y lo hacen ahí, en la misma librería. Porque tienen dos cacho cocinas donde caben hasta 25 personas cocinando simultáneamente donde curtidos maestros de los hornos y los fogones desarrollan clases llenas de color, datos, historia y mucho, mucho sabor.

Sara, Ana, Roberta, María Jesús, Luis... son el motor de Apunto y cuando me informaron sobre sus cursos de noviembre no dudé en elegir el curso básico de elaboración de panes caseros, que se enmarca en un Curso intensivo de Panadería y repostería donde los aventajados alumnos aprenden a elaborar sus propios productos artesanos aprendiendo a diferenciar harinas, levaduras, cantidades, muffins de cupcakes, tipos de hornos, formas de amasar, tiempos de reposo. Me recorre un escalofrío por la espalda solo de recordarlo. Para los fetichistas de la cocina estos cursos con tanto contenido son como pequeños orgasmos; no se expresarlo de otra forma. Mirad estas fotos que me hizo Javi, un trabajador del centro, mientras amasaba un pan de nueces y pasas.

Como hija de panadero y amante del pan artesano tenía muchas expectativas puestas en este curso y las ha superado con creces. Me ha encantado cómo un profesional de la cocina como Luis Alonso, que por cierto hace croquetas de autor a través de su proyecto Un bocado,  transmite a incultos en la materia la cultura del pan. Porque en Apunto solo tienen cabida las personas que amen la cultura del comer y el cocinar, que quieran ir más allá de un libro de recetas, que entren a  la librería dispuestos a prostituir sus cinco sentidos porque la información llega por todas partes.

- El oído, para escuchar las lecciones del maestro.

- El tacto, para elaborar las deliciosas recetas.

- El olfato, para disfrutar de los vapores que se escapan de cazuelas, sartenes y hornos.

- La vista, para no perder detalle de cada paso a seguir y aprender a presentar nuestras creaciones.

- Y, por supuesto, el gusto. Porque al final todo cocinillas quiere y debe degustar y saborear el plato que ha preparado con tanto esmero.

El resultado, como podréis imaginar, espectacular. Esa noche cené pan de ajo mojado en aceite, sin queso por desgracia y con un par de copitas de vino rosado.

Una experiencia muy enriquecedora que pronto voy a completar con un curso de iniciación a la cata, que lo necesito como agua de mayo. Una cosa quiero que tengáis clara. Si os recomiendo este sitio es porque soy una gran amante de los fogones y creo que en Apunto hay magia. Si vivís en Madrid no tenéis perdón. Y si sois de fuera me parece una idea cojonuda contratar con ellos una ruta gastronómica por la ciudad, porque esta es otra de las cosas que hacen. ¡¡De cara a las navidades han organizado un showcooking navideño de caerse para atrás!!

NOTA: No me llevo comisión, ¡lo prometo!

¿Te gustaría que en tu pueblo o ciudad hubiera algo parecido?